Todas las
personas buscan el equilibrio emocional o dicho en otras palabras el bienestar.
Cuando experimentamos diferentes situaciones y perdemos el equilibrio contamos
con un sistema de alerta que nos emite señales para recuperar ese estado de
bienestar. Ese sistema de alerta son las emociones; cada una de ellas nos trae
un mensaje, nos indica que situación estamos atravesando, nos dirige a una
acción y cumple una función y propósito en particular.
Las
emociones son automáticas, es decir nosotros no decidimos si sentirlas o no,
solo aparecen, por eso es importante experimentar la sensación que acompaña
cada emoción. La sensación corporal que experimentemos como un cosquilleo,
tensión muscular, sudoración, temblor, presión en el pecho, enrojecimiento
facial entre otras, nos estará indicando la emoción que sentimos. Algunas nos
causaran placer otras no. Por eso no categorizamos a las emociones como buenas,
malas, positivas o negativas, sino como emociones placenteras o displacenteras.
Muchas veces
cuando una emoción es displancentera la reprimimos, y cuando tenemos contacto con
un nuevo estímulo que provoca la misma emoción, esta se expresa de manera
desproporcionada, provocando daño a los demás y a uno mismo. Como por ejemplo,
si una situación me enoja y no lo expreso en ese momento, después, cuando experimente
otra situación que me vuelva a producir esa misma emoción de enojo, no podré
reprimirla más y la expresaré de manera exagerada al estímulo actual, pudiendo
lastimarme a mí misma o a los demás.
Por esta
razón es necesario sentirlas, identificarlas, aceptarlas y gestionarlas para
cumplir con su función.
Las
emociones básicas son la alegría, tristeza, miedo, enojo, asco y sorpresa y a
continuación les compartiré el mensaje de cada una de ellas.
La alegría nos
comunica que nos encontramos ante una situación de satisfacción, de logro y de
sentirnos apreciados y nos impulsa a disfrutar, contemplar, compartir y
vincularse con los demás y su objetivo es el bienestar.
La tristeza es
la emoción que aparece ante la pérdida de un objetivo, de algo o alguien importante
para nosotros; como la muerte de un ser querido o el término de una relación. Y
a la acción que nos invita a realizar es la de focalizar la atención en
nosotros mismos, recargar energías y el de reflexionar. Su objetivo es
reconocer que es importante y valioso para uno y la aceptación de lo irremediable.
El enojo nos
indica una situación que consideramos injusta, la invasión a nuestro espacio,
el incumplimiento de nuestras expectativas y nos dirige a la acción de defensa,
el objetivo de esta emoción es la de autoafirmación y establecimiento de
límites.
El miedo nos
señala que estamos ante una situación de peligro, percibimos que no contamos
con los recursos necesarios para enfrentar la amenaza que se presenta, ante
esto podremos huir, luchar o paralizarnos. El propósito de esta emoción es la
de supervivencia y mantenernos seguros.
El asco se
presenta cuando estamos frente a sustancias u objetos desagradables o dañinos
para nosotros, la acción será de rechazo, alejamiento y su objetivo es
protegernos.
La sorpresa
nos envía el mensaje de que estamos ante una situación inesperada y nos
dirigirá a la acción de exploración y su propósito es de prepararnos para
enfrentar nueva situaciones.
En resumen,
las emociones nos hacen humanos, vivámosla y transitemos el camino que cada una
de ellas nos señala, para lograr un estado pleno de bienestar y calma.








